sábado, 5 de agosto de 2017

Artesano/a ¿Un oficio o un pasatiempo?

¿Que realmente significa ser artesano/a?

Según la etimología latina de la palabra una artesano es un "artista con las manos".

No a la manera de un pintor, o un músico, que hace arte, digamos, más abstracto. Un artesano, más bien, requiere contar con cierta destreza o habilidad con las manos para realizar "actividades mecánicas".

Ah sí, ¡Claro que me puse a investigar acerca del significado coloquial de artesano! También he hurgado un poco en la web tratando de averiguar que más o menos es lo que la sociedad en general piensa o cree que significa serlo.

Ahora bien. Existe una especie de tácito mandato cultural que parece afirmar que el trabajo de un artesano es un hobby, un pasatiempo. Algo que hacemos cuando estamos de balde. Cuando tenemos un tiempito libre.

Mi opinión acerca de este mandato cultural -no expresado abiertamente- es que la gran mayoría de las personas no considera que tallar en madera, doblar alambre, tejer, o hacer cuadros con filigranas de papel sea un oficio.

Nadie parece considerarlo ya que desde la cosmovisión occidental y capitalista en las que todos estamos imbuidos, los productos artesanales nos son "rentables".

Eso es absolutamente cierto. Los productos nacidos de las manos habilidosas y el corazón apasionado, desde el punto de vista capitalista, no sirven para hacer con ellos un negocio millonario porque insume muchísimo tiempo confeccionarlos.

No cuentan con la mecanización industrial que automatiza los procesos que permiten fabricar artículos en serie.

Los artesanos -ya sea por tradición o por pasión- hacemos UN producto a la vez. (Bueno, yo suelo empezar tres cosas en el mismo día pero esa ya es mi maña personal, que no viene al caso ahora).

La cuestión aquí es que en cada uno de los productos que realizamos, los artesanos ponemos toda nuestras destrezas, nuestra atención, energía y a veces hasta el alma.

Bien ¿que ocurre con esto de la no capitalización de los artículos que hacemos? 

Los productos artesanales no son rentables, no los podemos fabricar en serie, resulta casi imposible venderlos masivamente. Si hago un ramo de flores de goma eva o foami no podría competir jamás con las flores de plástico "Made in China" que venden en el polirubro de mi barrio.

Habría una enorme diferencia en el costo de ambos artículos. Mi precio, en comparación a las flores chinas, sería elevadísimo.

En el costo final, -el que yo estaría pidiendo por mis flores de goma eva- no sólo estaría incluído el valor del material utilizado, sino también mi tiempo. O un valor aproximado -y anárquico- de él. 

Está de más decir que mientras del otro lado del mundo un operario de la fábrica de flores de plástico obtiene en cinco minutos las suficientes para llenar un estadio de futból, yo apenas estoy empezando a cortar un pétalo.

Es por eso que la gran mayoría de las personas que poseen o desarrollan la capacidad de fabricar cosas con las manos valiéndose de herramientas no mecanizadas, prefieren aliviar la tensión y el stress del cotidiano vivir haciendo una que otra artesanía que luego regalan, o venden a un precio irrisorio, lo que igualmente equivaldría a un regalo.

Nadie en su sano juicio viviría de la artesanía. A lo sumo la relegarían al segundísimo plano de ingresos extras. Un vueltito, digamos.

Este hecho también provoca que el tiempo que un artesano dedica a producir sea el de sus ratos de ocio, y no su actividad laboral principal.

Y tooooodooo lo antes expuesto genera que el público se confunda y  tienda a desarrollar las tres creencias fundamentales que desvirtúan aún más nuestro oficio:

1) Si está hecho a mano lo puede hacer cualquiera.
2) Si está hecho a mano es más barato porque no tiene una marca (llámese empresa o corporación multinacional) que respalde el producto.
3) Si hacés productos a mano sos hippie. (Seguro exponés tus trabajos en ferias o en la calle tirado en el piso, fumando marihuana y sin bañarte una semana).

¿A qué no es así?

El oficio de artesano en cualquiera de sus ramas está culturalmente ligado a la idea del hobby o pasatiempo de los ratos libres. Los que además también somos músicos, así como los incomprendidos pintores y artistas plásticos tampoco nos salvamos de estas etiquetas culturales. El músico suele ser vago, amante del vino y la fiesta; y el artesano, el hippie itinerante.

Aunque a mi no me gusta el vino, prefiero la cerveza, ya se pueden dar una idea del estigma con el que he vivido mis años de adoloscente y joven adulta. Mi ciudad natal, Corrientes, aunque tiene atractivos turíscos fascinantes, su cultura es cerrada y tradicionalista. Jamás terminé de encajar en la sociedad en la que me crié. Muchas personas me fueron retirando hasta el saludo al verme vendiendo aritos y pulseras en la Peatonal Junín, con mi guitarra colgada a la espalda.

Sin embargo esta idea cultural de que un artesano trabaja por que no tiene nada más importante que hacer, no sólo es propia de mi ciudad natal. Está tan arraigada en el inconciente colectivo que ningún niño o niña del planeta sueña con ser artesano cuando sea grande. Dicen: "Voy a ser astronauta (o bombero, o policía, o doctor, o Presidente de la República)".

Hasta a mí me cuesta horrores imaginar que mi hijo pudiera decirme: "Mamá, cuando sea grande quiero doblar alambre como vos y fabricar collares, pulseras y anillos." De sólo pensarlo se me estruja el corazón. ¡Mi'jo te vas a morir de hambre doblando alambre!

Jamás en mi tierna infancia se cruzó por mi voladora e imaginativa cabeza la idea de ganarme la vida tejiendo muñequitos.

Si soñaba con ser doctora veterinaria.

Lo irónico es que me convertí en la Doctora Juguetes. Pero bueno...

A lo que quiero llegar con todo esto y lo que quiero conseguir es desmitificar la idea de que las artesanías son sólo un pasatiempo y que lo puede hacer cualquiera.

No. No lo puede hacer cualquiera. La destreza y la habilidad de conseguir un producto artesanal requiere primero que nada, conocimiento, y segundo miles y miles de horas de práctica.

Y no. No es un pasatiempo. Es un oficio. Una persona se prepara con el conocimiento específico y las miles de horas de práctica ya mencionadas para conseguir un producto artesanal bien logrado. Que además cuenta con el plus de ser único. Un mismo artesano no consigue un producto igual a otro aunque siga idénticos pasos e instrucciones.

Es un producto único justamente porque está hecho a mano. Y en ese yeite handmade, en esa línea delgada de "actividad mecánica" y pasión por lo que se está creando...ahi mismito está el arte. Ahí radica la belleza de un artículo artesanal que consigue exaltar los sentidos de quien lo mira.

Y su alma.

El alma es otro de los atributos que poseen las artesanías. Cada nueva creación que sale de nuestras manos es casi como parir un hijo. Son hijas nuestras, nacieron de nuestras manos. Al sentir pasión por crear le insuflamos vida y le dotamos de alma.

Con todo lo que he dicho hasta aquí, tambíen siguiendo el hilo de ¿Te parece caro mi trabajo? y respondiendo la pregunta: Ser artesano ¿es un oficio o un pasatiempo? puedo afirmar sin temor a equivocarme que los que fabricamos productos con nuestras manos, estamos ejerciendo un oficio, digno además, por ende merecemos y debemos exigir una retribución por cada artículo que ofrecemos. -Salvo, claro está, que el fin sea hacer un regalo-.

La verdad es que esa retribución jamás va a ser justa ni acorde al tiempo invertido en instruirnos con el conocimiento específico empleado para hacer artesanías, ni pagará las horas de confección de las mismas. Siempre existirá el chino con los precios más baratos y que además contará con el supermercado para vender productos industriales similares.

Seré pesimista en esta reflexión ulterior pero nosotros los artesanos no podemos competir en el mercado industrial capitalista ni jamás nos haremos millonarios vendiendo flores de goma eva.

No por ese hecho tenemos que caer en la tentación de compararnos. Nuestras artesanías son objetos únicos. Son hijas nuestras. Tienen alma. Tienen vida propia.

Tienen nuestro amor.

Cuando era chica nunca soñé con ser artesana. Ni con tejer muñecos. Ni con hacer collarcitos para evitar tener que salir a comprar regalos para el cumpleaños de alguna amiga.

Nunca dije: "Cuando sea grande voy a ser a la Doctora Juguetes". Ni por lejos.

Y aunque no pueda darme el lujo de vivir exclusivamente de mis artesanías, y aunque hace rato dejó de ser un mero hobby o pasatiempo, ya que le dedico la mitad de mi día a tareas relacionadas con mi oficio, me siento orgullosa de ser artesana.

Me siento tan orgullosa que me pregunto porque en mi voladora e imaginativa cabeza de niña nunca cruzó la idea de convertirme en quien soy ahora: una alquimista de sueños.

Una alquimista que, de un pedazo de alambre, de un ovillo de hilo y un manojo de mostacillas transmuta los sueños ajenos y propios en disfrute y felicidad.

Disfrute y felicidad es lo que sienten las personas que acceden a los artículos creados por mis manos.

Disfrute y felicidad es lo que siento yo cuando tejo, coso y doblo alambre.

Disfrute y felicidad contenidas en todas mis hijas dotadas de vida propia: mis artesanías.

Es tanto el disfrute y la felicidad en la creación, proceso y recepción de cada una de mis hijas que me pregunto como no fui capaz de soñar de niña esto que soy ahora: una orgullosa artesana.





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jueves, 13 de julio de 2017

¡Tengo soga para rato!

tengo soga para rato¡Hola! Soy la artesana detrás del Diario. Me llamo Cecilia Gauna. Soy la loca que escribe aquí.

Hoy adelanto el post de los domingos, porque como ya he dicho en otras oportunidades, escribiendo hago catarsis de todo. Creánme, de todo lo que me pasa.

Esto lo tengo que escribir, para estar en paz y poder dormir esta noche. Para poder levantarme mañana y seguir tejiendo. Para seguir trabajando en todo lo que con mucho esfuerzo y dedicación vengo haciendo.

No tengo muy claro como me siento en este momento. Y como escribir siempre me puso todos los patitos en fila, -literalmente me salvó la vida en más de una oportunidad- sé que escribiendo voy a entender y definir como me siento y especialmente qué siento.

Estaba yo muy tranquila, haciendo una pausa en mis actividades, perdiendo el tiempo navegando en Facebook.

Y no sé porque -¿porqué se te ocurrió eso, Cecilia? ¿Porqué?- tuve curiosidad de saber el destino del post antepasado ingresando su título en el buscador de Facebook.

Las veintinueve mil visitas no podían haber sido mágicas, ni aparecer así de repente, o provenir de las quince veces en que se compartió el post desde la fan page de Aramela Artesanías.

Y no, por supuesto que no eran mágicas. El post fue recompartido mil setecientas setenta y un veces.

Y quien sabe cuántas veces copiado y pegado en docenas o veintenas de muros.

Copiado y pegado.

Hicieron click con el botón derecho del mouse, seleccionaron el texto, omitieron las imágenes y lo pegaron en sus muros.

Yo pregunto: si tantas ganas tenían de despuntar el vicio copiando y pegando ¿no era más fácil seleccionar el link del post que tiene veinte caracteres en vez de acalambrarse la mano copiando un texto de mil doscientas palabras?

¡Por favor! Si el post está ahí en Internet, gratis, disponible para que lo lean, relean, disfruten, lo compartan y recompartan tantas veces como se les venga en gana.

Hasta yo que soy miope vi los botoncitos de las redes sociales acá abajito del blog donde cualquiera y todos lo que quieran pueden compartir si gustan.

Lo más triste de todo es que algunos ni siquiera se tomaron la molestia de editar lo que copiaron eliminando al menos el texto alternativo de las imágenes.

Lo cual se lee mas o menos así:

[...] Bien. Ya llevamos en promedio una semana y tres horas y ni empecé a tejer. 

dinosaurio_amigurumi.jpg

Ahora bien, el patrón del muñeco [...]

Tristísimo. Muevo la cabeza de un lado a otro con incredulidad y congoja. ¿Podrían al menos tomarse la molestia de copiar, digamos, bien?

Y acá es cuando tengo ganas de decir un chistecito verde en criollo. Creo que la ocasión lo merece, además me descontractura: ¿porqué no vienen a copiar y pegar ÉSTA?

Sin embargo, aunque quedé aturdida con el descubrimiento, y unos minutos después me encendí en llamas, algo adentro mío me susurró: "¡Alto! ¡Quieta ahí!"

Respiré hondo, me serené. Le escribí a algunas de las chicas que habían copiado y pegado que por favor incluyeran el link del post original en su publicación.

Ahí pronto supe que más de una de ellas sólo había recompartido lo que alguna otra copió y pegó.

 Me serené todavía más. Además todas me contestaron de muy buen grado y accedieron a mi pedido.

En más de una publicación figuraba: "Fuente: Diario de una Artesana"

Otras tenían el hashtag: #diariodeunaartesana.

Bien.

Pero hubo una, una, una... que no mencionaba fuente, ni hashtag, ni como decimos en guaraní a lo correntino: ni mbaé bé. No mencionaba ni miércoles.

Con esa no me pude contener. No le escribí por privado, le escribí abajo de los comentarios donde le felicitaban por "sus bellas y acertadas palabras".

"Hola! Soy la Artesana detras del Diario, la autora de éstas líneas... aquí les dejo el enlace al post original:

(Link del post)

Agradezco muchísimo que hayas compartido mi escrito, eso quiere decir que mis palabras te gustaron y llegaron. Significa mucho para mí, de verdad. Sólo me gustaría hacerte la petición de que incluyas en enlace al post original en esta publicación. Pronto escribiré sobre el tiempo y el trabajo que invierto escribiendo y editando para el blog del Diario de una Artesana, y eso lo hago de manera gratuita. Te voy agradecer mucho si lo incluís."

¿O qué? ¿Acaso creían que me gano la vida con los tres dólares que me paga Google Adsence por permitirme colocar anuncios en este blog? Tres dólares en seis meses.

Imaginénse.. ¡puf! Millonaria me puedo volver con seis dolares al año.

¡Claro que escribo y publico gratis! Lo de por amor al arte es una frase operativa en mi vida.

¿Qué cuántas horas me lleva hacer este post?

Digamos que ahora estoy emocionada y hace ya una hora que estoy aquí dale que te dale tipeando el texto en el bloc de notas de mi teléfono.

A veces puedo tardar cuatro o cinco días en términar de escribir, entre atención al niño de los pantalones divertidos, quehaceres del hogar, tejido de pedidos y demás tareas.

Ahora bien, sacar las fotos, o encontrarlas en los bancos de imágenes con atribución Creative Common (en castellano, eso significa que tengo permiso para publicar esa imagen porque su autor lo concede), editarlas, subirlas, leer setecientas veces el texto para comprobar la ortografía y la gramática, agregarle etiquetas al post y las entradas relacionadas, añadir la caja de suscripción al pie, colocarle nombre y texto alternativo a las imágenes, editar su tamaño, justificar el texto y demás menesteres para que el post se vea decente...

...eso me toma cuatro horas...

¡Medio muñeco tejo en cuatro horas!

Por los muñecos si me pagan, claro. El Diario lo escribo gratis. ¿Y porqué lo hago? Porque la frase por amor al arte es mi realidad.

Amo esto que hago. Amo escribir. Amo generar empatía con mis lectores, traducir lo que sienten y piensan, que no es ni más ni menos que lo que yo misma siento y pienso pero compartido, extendido en un montón de mentes y miles de corazones.

Mientras me encontraba en la afanosa tarea de escribir a quienes copiaron y pegaron el post completo de ¿Te parece caro mi trabajo? en sus muros de Facebook, llegó mi marido.

Mi Rafa, mi amor, mi compañero, mi gurú. Mi amado hombre, padre de mi hermoso hijo. Mi todo.

Le conté lo que había pasado.

-¿Se viralizó tu texto? ¡Eso es muy bueno!

-Pero, amor... copiaron y pegaron ¿entendés?

-Si ¿y? No importa ¡Eso es muy bueno!

- Pero, amor...

- A la gente le gusta lo que escribís, le llega... por eso lo comparten. Copiado y pegado, da lo mismo. Sigue siendo tu texto, tiene tu estilo y tu esencia. ¿Qué más querés?

¿Qué que más quiero? Un par de pantuflas nuevas ¡por supuesto!

Así que otra vez me presento, para que copien y peguen esto en sus muros los que se atrevan -que de seguro no son mis lectores habituales-, total ya sé que no se van a tomar la molestia de editarlo:

cecilia gaunaHola, soy Cecilia Gauna, la artesana detrás de este Diario. Hace dos horas estoy como una zonza chupando frío en la terraza, escribiendo éstas líneas para definir cómo me siento ante el episodio masivo de copypaste de uno de mis post.

Y creo que me siento bien. Siempre me siento bien cuando escribo. Cuando escribo soy yo misma, al igual que cuando canto. ¿Puede alguien copiar y pegar quien soy? ¡Claro que no! Soy demasiado yo como para que les salga siquiera intentarlo.

Otra vez estoy haciendo uso de mis recursos más preciados, 1) la resiliencia, la capacidad de afrontar adversidades; 2) la gratitud, ya que este episodio me demuestra el valor de lo que hago, agradezco que haya sucedido...

...y 3) el sentido del humor... copiaron y pegaron ¡me dieron soga para rato para  escribir este post!

¡Cómo me voy a reir cuando lea a tantas Cecilias Gauna escribiendo largos textos en sus muros de Facebook!







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domingo, 9 de julio de 2017

El día que terminé a Henry

el dia que termine a henryEs una hermosa tarde de invierno, soleada y agradable.

Salí a la terraza a escribir éstas líneas, y como el clima está precioso no me mojaré las pantuflas.

Hace unos días atras, luego de seis largos meses terminé el muñeco de Henry Monstruito que comencé cuando inicié este blog y este Diario.

Por algún motivo, tengo la fuerte sensación de que ha concluído un ciclo y estoy empezando a vivir un nuevo comienzo. No sólo por haber terminado por fin de tejer y armar a Henry, sino por muchas otras cosas que fueron ocurriendo durante éstos días.

Pero sí que pienso que esa afirmación es correcta. Henry marca un antes y un después.

visitas del blogEn lo que va de estas dos semanas el post anterior del Diario ha alcanzado la friolera de veintinueve mil visitas. Un récord rotundo para este y mis otros blogs.

Podía imaginarme que al escribir sobre el valor de los trabajos artesanales iba a "levantar el avispero" o generar alguna que otra polémica.

De hecho, el tema nos pone sensibles a todas las que trabajamos con nuestras manos. Lo que no esperaba, ni podía predecir era la identificación que iba a generar entre tantas mujeres alrededor del mundo.

Las chicas que leyeron el post me han dicho cosas hermosas o me han dado las gracias por ponerle palabras al sentir de todas nosotras. Algunas me han dicho incluso que me quedé corta con la descripción de lo que en verdad cuesta realizar un trabajo artesanal.

Si, he omitido muchas cosas que hubiese querido incluir; pero en ese caso, el post iba a parecer una Biblia, y no quería aburrir a los lectores.

Creo que el tema da -¡y cómo!- para una segunda parte.

bullet journalOtra cosa maravillosa que ocurrió en mi vida éstas semanas fue el descubrimiento del Bullet Journal. El Bullet Journal, en plena era digital, es una especie de agenda u organizador de listas y tareas totalmente analógico. Es ni más ni menos que mi cuaderno de diario, sólo que incluye mis actividades y pendientes, junto con otros apartados como: "Libros que quiero leer" o "Lista de Clientes". Todo en el mismo cuaderno.

El Bullet es invención de un diseñador, creo recordar que su apellido es Carrol. Le besaría los pies a este señor Carrol porque llevo mi Bullet hace cuatro semanas y me ayuda muchisimo a organizarme, a planificar a largo plazo, además de que puedo desplegar mi creatividad adornando las secciones con dibujitos y frases motivadoras.

Me encanta, me encanta y simplemente me encanta empezar el día abriendo mi Bullet Journal, y cerrar la jornada con el. 

Es muy refrescante para mi corazoncito de escritora de diarios intimos devenida emprendedora que necesita organizarse con eficiencia, un sólo cuaderno con toda la información que necesito a la mano, y con espacio para mis reflexiones y dibujitos. Me encanta.

Sin embargo, aparte de celebrar durante semanas "el día que terminé a Henry Monstruito", la gratitud por las visitas al post anterior, y el maravilloso Bullet Journal, me ha ocurrido algo todavia más hermoso...

Pienso en ello y creo que soy capaz de llorar de emoción. Por fin tengo algo que todas las tejedoras desearían tener en sus casas, un artefacto fabuloso.

Le debo a mi marido el ingenio de haberlo fabricado para mi, y agradezco no haber tirado a la basura aquel ventilador viejo que ocupaba espacio muerto en el dormitorio, y me dificultaba la limpieza a la hora de barrer.

¿Ya se pueden imaginar qué es?

ovillador de hilo casero¡Un ovillador de hilo! Un ovillador casero. Esteticamente horrible quizas, pero que cumple su función perfectamente. Ahorrarme las horas que invierto ovillando lana, y disminuir también las posibilidades de enredarla. ¡Estoy en-can-ta-da!

Mi marido filmó un video donde se refleja mi alegría y emoción al usar el artilugio por primera vez, pero no lo compartiré aquí porque me veo despeinada y eso me da vergüenza.

Lo que si les compartiré es el ovillador funcionando.




Es increíble que algo tan fabuluso y útil para mí pueda provenir de un viejo ventilador.

Con el eje que hace girar las paletas del ventilador, dos pedazos de madera terciada en cruz y unos cuantos tornillos autoperforantes, Rafael, mi marido, convirtió mi sueño en realidad. A diferencia del señor Carrol, mi marido estaba al alcance, así que lo llené de besos; que bien merecidos los tenía.

Mi amiga Laura ya bautizó al artefacto "Ovillador Rafa 2000". Creo que me gusta mucho ese nombre. Y todavía más me gusta mi ovillador.

Especialmente a la hora de ovillar hilo finito. Antes me llevaba una hora reloj terminar la madeja. Ahora ese tiempo se redujo a la mitad.

Y no fue sólo el eje para el ovillador casero lo que me brindó ese viejo traste de ventilador que no andaba. Con el pie y base de metal me voy a fabricar un lindo perchero para colgar bolsos y abrigos. ¿Qué tul?

henry monstruito amigurumiY si. Henry marcó un antes y un despúes: el término de un ciclo y el comienzo de otro nuevo.

En este nuevo ciclo tengo Bullet Journal para organizarme, ovillador para hacer más eficaz el trabajo y un montón de corazones que se sienten identificados con lo que escribo. ¿Que más puedo pedir?

¡¿Qué que más puedo pedir?! Que nadie me encargue otro Henry Monstruito, por favor.

¡Ah si! También un par de pantuflas nuevas me vendrían super bien, si no es mucha molestia, claro.







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sábado, 24 de junio de 2017

¿Te parece caro mi trabajo?


te parece caro mi trabajoCuando un cliente me hace un encargo y se arrepiente de su pedido después de que le paso el costo, siempre me quedo medio rara y reflexiva.

De hecho, para mí no supone ninguna pérdida. No trabajo en ese encargo y listo. Fin de la cuestión. A otra cosa, mariposa.

Quizás yo sea muy pasional, o me encante darle vueltas a las cosas que suceden, analizarlas, desmenuzarlas hasta encontrarles un sentido.

Esa manía de buscarle un porqué a todo me lleva a hacer reflexiones muy voladas.

O quizás no tanto.

Lo primero que pienso cuando un cliente rechaza mi presupuesto es: ¿tengo cara de supermecado chino yo?

con ojos de chinaEs cierto que ando por la vida achicando los ojos como si fuera china, que de tanto tejer no veo un elefante adentro de una bañera. Si, soy miope ¿qué le voy a hacer?

Pero ¿china? No, señor. ¡Eso si que no! China no soy, y mis muñecos no son baratos. Al menos ya no.

Ya he tenido la oportunidad de vivir el hippismo en su máxima expresión durante muchos años. Casi regalando mis trabajos de lo barato que vendía. O permitiendo que me los regatearan. Ahora ya no. Ahora me cotizo.

Ahora sé que en ocho horas de tejido gano menos que una hindú adolescente cosiendo jeans en fábricas clandestinas de Calcuta.

El término medio entre hacer lo que me apasiona cobrando por ello da como resultado un precio "aceptable" que algunas personas -admito que una minoría- parecen considerar caro.

Entrecomillé la palabra aceptable porque ningún artesano -no que yo sepa o que conozca- cobra por un trabajo lo que en verdad este vale.

Así que retomando el hilo principal de esta honda reflexión de fin de semana y esforzándome en dejar un poco de lado la acidez de mi crítica interna, conciente de que supermercado chino no soy y mis muñecos no son baratos o mejor dicho tienen un precio a regañadientes aceptable...

¿Porqué me quedo rara cuando un cliente potencial rechaza el presupuesto del muñeco que quiere que le teja?

Quizás el cliente promedio no sepa cuánto cuesta llegar al muñequito super lindo, super cute, ultra kawaii que ve en las fotos que publico en las redes sociales.

Esa adorable preciosura de medios puntos de crochet con vivos colores empieza a nacer no cuando la tejo, sino mucho antes. Mucho, muchísimo antes.

Si se trata de un muñeco de diseño, nació en la mente de su creadora. A quien seguramente le llevó semanas -si no largos meses- pensarlo, diseñarlo, tejerlo y destejerlo mil veces hasta llegar al patrón del que luego yo puedo valerme simplemente siguiendo las instrucciones.

No necesito pensar en cómo hacerlo. No necesito romperme la cabeza intentándolo. Solo lo tejo y listo, ahorrándome semanas de tiempo, gracias a que alguien más, en algún lugar del planeta, se tomó el trabajo de crearlo.

Si se trata de un muñeco diseñado por otra persona que no tiene patrón, si requiere que  invierta tiempo en desentrañarlo, en averiguar como fue tejido, en sacarlo a ojo. En hacer pruebas preliminares tejiendo y destejiendo.

Ahí ya puedo sumarle una semana de trabajo previo antes de llegar a la foto linda del muñequito. Mínimo una semana, sino más.

Todavía nadie me ha pedido que diseñe un muñeco por encargo, ya que en ese caso estaríamos hablando de tres a seis semanas previas antes de poder sentarme concretamente a tejer, entre dibujo, elección de colores, materiales, pruebas y demás yerbas.

Ahora bien sumésmole a todo lo anterior las horas en la compra de hilos. ¡Ni hablar si salgo de compras en hora pico con el tráfico imposible, con los vehículos a los bocinazos limpios! ¿Que tiene que ver el tráfico con el muñeco? ¡Todo! Sin hilo no hay muñeco.

Y que conste que no incluí mi flojera habitual en vestirme y peinarme para salir a la calle.

Bien. Ya llevamos en promedio una semana y tres horas y ni empecé a tejer.

dinosaurio amigurumi en holandesAhora bien, el patrón del muñeco está en holandés. ¡Y que nadie se ría que esto me paso de verdad con un muñeco!


¡Holandés! El idioma más difícil del universo plasmado en el patrón de un tierno dinosaurio. ¡Y menos mal que no estaba en ruso! Ahí ni siquiera me tomaba la molestia de intentarlo siquiera.

¿Cuanto creerá el cliente potencial -el mismo que rechaza el costo del muñeco- que me lleva de tiempo descifrar un jeroglífico en holandés? Sumésmole unas tres horas, más trascripción en cristiano incluída.

¿Puedo sentarme a tejer ya? Noooo, todavía no. ¡Hay que ovillar la madeja! Y rezá para que no se te enriede porque ahí estamos sonadas de verdad.

Madeja sin enredar: treinta minutos.
Madeja enredada: cuatro horas reloj. ¡Tampoco se rían acá eh! ¡Me pasó! Desde las nueve de la noche hasta la una de la madrugada con dos pausas para ir al baño a hacer pis. ¡Terrorífico de verdad!

Bueno. Tenemos ovillo, tenemos patrón, elegir la aguja no representa mayores complicaciones. ¡Ahora si a tejer! En intervalos de media hora a una hora durante dos o tres días, tal vez cuatro dependiendo de la complejidad del muñeco y la cantidad de partes que tenga. 

Los intervalos de tiempo de tejido también dependen del talante con el que haya amanecido el niño de los pantalones divertidos: en días de berrinches, tejer cinco minutos seguidos es todo un logro.

Bien. Acá vamos llegando a la parte favorita de todas las tejedoras de amigurumis -lo digo con ironía, claro-. ¡Que levanten la mano y griten yooo todas las crocheteras que aman coser las partes de un muñeco!

¿Qué pasa? ¿Qué son esos grillos?

Nadie ama coser las partes del muñeco, sépanlo. Es la parte más tediosa, la que más tiempo insume. Hay que fijar los miembros con alfileres infinidad de veces hasta que cada parte queda en su lugar. Y aún así eso no garantiza el éxito de la costura.

Si se corre un alfiler o le yerramos el agujero adonde debería insertarse la aguja tenemos dos opciones: desatar o dejar el muñeco con los miembros desparejos. Lo último, a nivel estético malogra todo el trabajo anterior. No hay chances: a desatar y empezar otra vez.

Y si existe algo todavía más engorroso y complejo es conseguir darle vida a un amigurumi con una buena expresión. Básicamente hablo de los detalles. Ese firulete por aquí, esa boquita bordada por alla, los ojitos iguales y parejos, algún que otro hilito de color en contraste que realze el conjunto...

No sé ustedes, pero yo ya perdí la cuenta del tiempo empleado en tejer este hipotético muñequito. Pero ¡no importa! ¡Lo veo terminado y ya me pongo feliz! Lo miro y lo re miro durante interminables minutos, fijándome además que no hayan quedado hilos de vellón en la superficie o hilachas sin esconder.

Corrijo todos los detalles hasta quedar satisfecha con el resultado.

Ahora toca fotografiarlo. Tengo que esperar a la mañana, para aprovechar la luz natural. También tengo que rogar que no llueva o se nuble para no suspender la sesión de fotos para otro día.

Tomo mis paneles de mdf, acomodo las cartulinas blancas en ellos, fijándolas con cinta de papel. Hago posar al muñeco infinidad de veces hasta que quede erguido sin caerse. Ahora acomodo a contraluz el panel reflector casero de aluminio, como si fuera un espejo, de tal manera que ilumine el muñeco perfectamente.

Saco un millón de fotos en diferentes perspectivas.

De ese millón de fotos seleccionaré cuatro o cinco, que luego editaré recortándolas, dándole brillo, contraste, nitidez. Le añadiré también el logo de mi marca.

Y ahora sí, terminada la larguísima edición de las fotos, por fin puedo embolsar el muñeco, junto con las etiquetas que encargué a una diseñadora y mandé a imprimir en una gráfica.

Yo misma elegí las bolsas más lindas que encontré. Bolsitas con mandalas y flores. Bolsitas que reflejan el espíritu de las cosas que fabrico con mis manos y que tienen un pedacito de mi alma.

Si hubiese tenido todavía más tiempo, yo misma hubiese confeccionado bolsas de regalo con papel madera y manijas de cola de ratón.

Hay dos cosas en el mundo que no tienen precio y que si lo tuvieran, ningún dinero en el mundo sería capaz de comprarlas: el amor y el tiempo.

Cada muñeco que tejo, nace de mis manos con ambas cosas: mi tiempo y mi amor.

Asi que luego de esta larga reflexión de fin de semana, despues de quedar medio rara con el rechazo de un cliente que no aceptó el precio que le di -si es que puede llamarse así a la inversión de tiempo y amor de mi parte-, y ya sabiendo de sobra que nada tengo que ver con los chinos, vale preguntar:

¿Te parece caro mi trabajo?

Lo curioso de todo esto es que aquellos que si eligen lo que hago jamás me cuestionan o regatean el precio que pido.

Lo que mis clientes habituales no saben es que siempre presto especial atención al momento en que reciben el muñeco y lo toman en sus manos. Observo con suma atención su expresión, sus reacciones.

Cuando veo sus caras de asombro y una sonrisa enorme en sus rostros, compruebo que mi inversión de tiempo y amor dio buenos frutos.

Ellos no lo saben, pero con sus sonrisas y su gratitud le dan sentido a todo lo que tejo, a todo lo que hago, y a todas mis noches en vela.

el pulpo de Amaya
Gracias Silvia y Griselda por permitirme incluír estas fotos.
Ellos no lo saben, pero con eso ya lo pagan todo. ¡Ni que decir cuando esa sonrisa es la de un niño o niña! O cuando me envían fotos de bebés abrazados a un muñeco que yo tejí. (En esta frase hice sonreír a Silvia).

Vale preguntar otra vez: ¿te parece caro mi trabajo?

¿Te parece caro mi tiempo y mi amor? ¿Mi dedicación a cuidar cada detalle?

Es curioso que mis clientes habituales jamás regateen mis precios. Será porque ellos saben perfectamente que yo no vendo muñecos, yo regalo tiempo y amor.

Ellos obtienen a cambio satisfacción y alegría, para sus hijos, sobrinos, nietos, ahijados o para sí mismos.

Eso de vender y comprar es sólo un trámite.

Todavía no me regalan los hilos ni agujas, ni las bolsas o la impresión de las etiquetas. Tampoco fue gratis la experiencia que fui adquiriendo para confeccionar muñecos cada vez más logrados.

Es por eso que vender y comprar se torna un trámite necesario para que pueda seguir regalando tiempo y amor a personas que son lo suficientemente perspicaces para darse cuenta de todo lo que implica crear de la nada un muñeco dotado de vida.

amigurumis por todoSi, leyeron bien. Dotado de vida. Los japoneses ya lo dijeron. Yo lo compruebo cada vez que termino un muñeco: todos los amigurumis tienen un alma.

Asi que la próxima vez que un cliente potencial rechacé un presupuesto que le paso ya no me voy a quedar rara y reflexiva como esta vez.

Me voy a decir para mis adentros: ¿Te parece caro mi trabajo? ¡Ah, no pasa nada! Estoy segura de que existen otras personas deseosas de recibir mi tiempo y amor a un precio irrisorio.

Es más, también sabrán valorar mi regalo y obtener de ese muñequito mucho más de lo que pagaron por él: mi corazón.



 

 

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martes, 6 de junio de 2017

Mi cliente ideal es daltónico


mi cliente ideal es daltonico¿Ya he comentado acerca de la panzada de audiolibros que me doy por las tardes mientras tejo? 

A propósito, aún no he definido las metas, ni la misión-visión acerca de mi actividad artesanal, las que me pedía el Señor Relator de audiolibros con sus preguntas. Pero eso no viene al caso ahora, eso es tema del post antepasado.

Lo que si viene al caso es otra de las preguntas que hace el Señor Relator, o los coachs de emprendimiento y desarrollo personal de los videos que miro por Youtube.

Más que una pregunta en todo caso, parece una orden: Defina a su cliente ideal.

¿Defina a su cliente ideal? ¡Ah si! Esa pregunta se la respondo fácil Señor Relator. En un santiamén: Mi cliente ideal es daltónico, no aprecia bien los colores. ¡No sabe distinguir un rojo bermellón de un bordeaux! ¡Es perfecto para mí! ¡Ese es mi cliente ideal! ¿Respondí bien? ¿Me gané algo por contestar correctamente?

En estos días grises y lluviosos, en plena temporada otoño-invierno 2017, lo que no se consigue en las casas de las lanas, es variedad de colores en hilo de algodón.

Algodón nada. Lana sí. 

Cashmilon en todos los colores y en todos los grosores. Bouclé (o como se llame). Y todas las variedades peluditas de lanas sedificadas. Peluditas, con pelitos, tornasoladas, las que te silban un tango, te dan masajes en la espalda y demás.

Con el hilo de algodón, el versito de la vez pasada con el color amarillo minion: ¡Ni mi quidi isi color!

¿Y este rojo? No, ese tampoco me queda.

¿Y este rosa? No estamos en temporada.

Ah, perfecto. Dame dos madejas igual de ese celeste fuerte en vez de azul.

Por eso es que estoy rogando que mis clientes ideales sean daltónicos de ahora hasta septiembre, porque a este ritmo de toma de pedidos, posterior compra compulsiva de hilos para abastecerme, estoy desvalijando las laneras y es muy posible que en la próxima compra directamente no haya hilo de algodón para tejer muñequitos.

Voy a tener que arreglármelas con el hilo utilitario de algodón que se usa para atar globos en las fiestas de cumpleaños.

Iba yo tan campante con mis tristes muestritas de hilos para terminar pedidos ya empezados.

Y salía ofuscada cada vez trayendo un blanco más beige que blanco, un rojo más intenso que el rojo que tengo y un celeste fuerte en vez de azul.

Aunque estemos en temporada, por cosa de mandinga, ni siquiera conseguí el mismo cashmilon rosado para terminar una media de lana que me encargaron.

No importa, le dije a la vendedora que estaba trepada arriba de una escalera buscando ese color en lo alto de la estantería repleta de bolsas. Voy a desatar mi pulover para terminar el segundo bendito calcetín de invierno.

Si hay algo que detesto son las medias impares. De entre todos los misterios insondables de los lavarropas, este es el más aterrador. Nunca se sabe cómo, pero cada vez que lavo medias, estoy hiper segura de colocar el par. ¿Cómo puede ser que al terminar el ciclo de lavado sólo salga una sola? ¿Tiene hambre el lavarropas? ¿Se las traga? Es un misterio.

Si, el misterio de las medias es el más aterrador. Hay otros, comó el de la ropa blanca que sale rosada, o el de los jeans que se convierten en pantalones para niños.

En fin. Volviendo a las medias... No le voy a dejar sin las suyas a mi clienta en este frío invierno. Asi que a desatar ese pulover y no se hable más.

Con respecto al hilo rojo, tengo la esperanza de que la diferencia no se note tanto, y que mi nueva clienta no sea tan detallista como yo y no me termine arrojando por la cara los llaveros de Minnie Mouse gritando enfurecida: ¡No son todos del mismo tono de rojo!

Ahora se estarán preguntando porque estoy tejiendo en rojo las Minnies Mouse, si se supone que su vestido es rosa a lunares blancos. Y la respuesta es: ¡No tengo ni la más pálida idea! La clienta lo quiere en rojo, como Mickey Mouse, pero con el moñito de Minnie. Al igual que el lavarropas que hace magia con las prendas que lava, las personalizaciones que suelen pedirme los clientes son un verdadero misterio.

Con el celeste fuerte si sé que estoy en el horno. Me consolé a mi misma pensando que los enteritos de los Minions en realidad no son tan azules. ¡Son celestes oscuros! ¡Que va! ¡Vos te zarpaste, Cecilia, tejiendo en azul en vez de celeste fuerte!

Si, claro que sí ¡que cabeza la mía! ¡Tejer en azul!

Rezo para que esta otra nueva clienta no use al pobre Minion de proyectil para lanzármelo por la cabeza en cuanto advierta el cambio de tono.

En fin.

Si vas a hacerme un pedido de muñecos y sos daltónic@, te recibo con los brazos abiertos y te tejo el muñeco que quieras.

Si no, no te puedo tomar el pedido hasta septiembre, en que quizás -y con suerte- con la apertura de la temporada Primavera-Verano 2018, las laneras tengan a bien traer todos los colores de hilo de algodón que existan en el mundo, y las lanas que dan masajes silbando tangos ya no se consigan más.

Prometo no tomar ningun pedido de bufandas para este verano.minion amigurumi

Si no sos daltónico y me hacés un pedido te diría que no los tomo hasta el 2057. No, no, no me dan las manitos, no llego con el tiempo, bla, bla, bla.

Es mentira la verdad, es verdad la mentira. Que es cierto que no me dan la manitos, y en realidad el enterito de los Minions es celeste oscuro. Las medias vienen de a pares aunque tenga que desatar mi pulover. Señor Relator quiero mi premio por contestar la pregunta.

¿Defina a su cliente ideal? Pffff..esa sí que me la sé y se la contesto con los ojos cerrados: mi cliente ideal es daltónico.



 

 

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domingo, 28 de mayo de 2017

Dos descubrimientos y una recomendación

Dos descubrimientos una recimendacionCuando me levanto y me pregunto: ¿que día es hoy? Si respondo: domingo; sé que hoy le toca al Diario.

Entonces pueden sucederme dos cosas. O digo: "Yupiii, ¡yeah! ¡A escribir se ha dicho!" O en cambio me encojo de hombros y pienso: ¿Sobre que diablos voy a escribir hoy? ¡qué no se me cae una idea, Dios!

El problema no se trata de escribir. Siempre tengo algo que escribir. Siempre hay algo que noto en mi entorno cotidiano o en mis vivencias personales que puede ser descrito. Con suma frecuencia me vienen esas reflexiones filosóficas en las cuestiono el mundo a mi alrededor.

También se me da muy bien describir en palabras las emoción que me genera notar ese huequito en el mosaico del piso de la terraza. Lo noto y me emociono cuando salgo a fumar y mojarme las pantuflas.

Escribir no es un problema. Nunca lo ha sido... empecé mi primer diario a los ocho años contando sobre "Marimar", la novela que tenía a Thalía de protagonista, la cual miraba todas las tardes despues de hacer mis tareas escolares.

La cuestión aquí se trata de sobre qué escribir que sea de utilidad o entretenimiento para el lector. Y tambien, claro,  que se ajuste a la temática de este blog. No me voy a poner a disertar sobre esos libros locos que leo o sobre la teoría de la relatividad para neófitos. No, claro que no. Este es el Diario de una Artesana, ¡por favor!

Asi que aunque hoy estoy un poco dispersa mentalmente, con pedidos hasta el cuello y encima siguen entrando más -¡cómo me encantaría tener la máquina fabrica muñecos ultra super mega pro!- y me encuentro en constante crecimiento -siempre quiero aprender algo más- voy a compartir dos descubrimientos que hice estos días y una recomendación de una película muy inspiradora que hasta la fecha me deja reflexionando mucho.

El primer descubrimiento les será de utilidad a aquellas personas que hacen trabajos manuales y lo postean en las redes sociales o en un blog porque quieren difundir su trabajo.

Ya sea que lo hagan con el fin de vender sus productos o por simple diversión y hobby, hay una aplicación muy muy muy buena que encontré curioseando, y que sirve para diseñar banners, logotipos, flayers y cosas así. Se llama Desygner. La encontré hermosa y super útil para embellecer toda la parte gráfica de los blogs.

Es muy parecida a Canva. El tema con Canva -en mi caso- es que todo el trabajo lo hago desde el teléfono, porque mi acceso a la computadora está limitado por los horarios en que mi hijo mira videos de Topa y Little Baby Bum. Y Canva sólo está disponible en la versión de ordenador. Desygner tiene una versión para móvil. Después de toquetear el menú un buen rato le fui agarrando la mano.

Hace tiempo ya que quería que los links de las entradas relacionadas del blog tuvieran una apariencia más bella, y menos monótona que el simple título del post, y esta aplicación me está resolviendo el problema.

Portada del blog aramela artesanias

También me resulta muy práctica y mucho más estética para los cartelitos con frases que posteo en la fan page. A futuro,  la tendré en cuenta el día que me ponga las pilas en serio con el marketing digital y el mail marketing, para lanzar promociones de productos o cosas así.

Si es la primer vez que entrás a este blog, que se llama "Diario de una Artesana", no leíste los post anteriores, o no estás muy sintonizad@ con el ritmo y el tono de mis post, en otras palabras, no captas mi onda aún; te debes esár preguntando que cuernos tiene que ver la artesana con una aplicación para móvil o el marketing así que pasó a aclarar este punto antes de seguir adelante.

Tiene que ver y mucho. En primer lugar porque la gran mayoria de las artesanas que están vendiendo sus trabajos al público, ya sea en ferias o a las amigas, están empezando a advertir que Internet fue cambiando en mucho las reglas del juego en lo que a vender artesanías se refiere.

Muchas de nosotras somos amas de casa que no podemos o no queremos salir a trabajar para no dejar a nuestros hijos. Algunas trabajan fuera de casa pero no descartan la posibilidad de vender uno que otro trabajito confeccionado en su tiempo libre.

Y en eso, Internet nos ofrece una gran oportunidad de mostrar nuestras artesanías. Pero no basta sólo mostrarlo, hay que hacerlo de manera que luzca profesional, aunque técnicamente no lo sea.

Uno de los primeros mandamientos de Internet reza: "Venderás a través de la imagen" (bueno, no se si es un mandamiento en realidad, acabo de inventar la frase, aunque el significado es certero).

Lo que ven los potenciales clientes a través de sus ojos es uno de los factores que los impulsa a comprarnos. Y de eso da fe mi enorme lista de encargos pendientes. Una foto desenfocada, con mala iluminación o estéticamente pobre, no vende. 

No digo que mis fotos son profesionales ni por lejos. Pero en lo que va del año he mejorado su calidad, su estética, me tomo el trabajo de editarlas antes de subirlas y si además embellezco el contexto en el que las muestro (como por ejemplo, el blog) ¡mucho mejor aún! No sólo los muñequitos que tejo se venden sólos por ejemplo, desde Instagram. También aumentó la comunidad de gente interesada por mi trabajo, y de artesanas que utilizan los tutoriales que posteo.

Todos ganan aquí, especialmente porque mirar una foto linda nos despierta emociones placenteras al verlas. Así que hagánse un favor y ¡publiquen fotos un poquito más esmeradas si quieren darse a conocer y vender!.

A mi todavia me andaría faltando nacer de nuevo para llegar al target de esos blogs bonitos que visito, con una estética increíble y exquisita. Admito que no se nada de diseño, pero con este descubrimiento de la aplicación Desygner, sé que estoy un paso más cerca a parecer profesional.


Justine Standaert virtualarte
Mi segundo descubrimiento fue una mujer extraordinaria: Justine Standaert. Llevo un par de días devorándome sus videos y muriéndome de ganas de inscribirme en alguno de sus cursos. Me encanta ella y su academia Virtualarte. Lo que más me sedujo fue la orientación de sus temáticas: cómo emprender siendo artesana. Y todo lo que ellos conlleva: tips, estrategias, consejos, herramientas digitales, y por sobretodo un inmenso amor que transluce a través de su persona de manera nítida y potente.

La amé desde el primer día. Me apunté en su grupo de Facebook donde miles de personas cuentan sus experiencias, aventuras o piden ayuda para resolver tal o cual cuestión acerca de su emprendimiento.

Es asombrosa la vibra del grupo, cuanta energía, cuanta pasión. Adoro todo ese contexto hiper positivo. Y me motiva muchísimo. Así que sin agregar nada más, comprueben por sí mism@s a que me refiero visitando alguno de los enlaces anteriores.

Y como este post se está viniendo medio largo, medio chorizo -me apasioné escribiendo sobre dos cosas que me fascinaron- voy a tratar de resumir la tercera. Que no por tener que hacerla breve, me fascina menos.

Por favor, y se los pido encarecidamente, por favor vean la película "La Terminal", protagonizada por Tom Hanks. Y no la recomiendo sólo porque amo a Tom Hanks y es, creo, uno de mis actores favoritos. Si no porque el mensaje principal de la película es una caricia para el corazón.

Al menos a mí me dejo esa sensación de apertura en el centro del pecho. Esa nota de esperanza. Esa emoción y certeza de qué no importa cuán grandes sean las dificultades, uno siempre tiene la capacidad de convertir lo adverso y trágico en una oportunidad para crecer.

También me sentí muy identificada con el personaje principal, porque no demoró mucho en ponerse "manos a la obra" pese a que estaba pasando por una circunstancia desafortunada.

Esa visión de "hacer algo al respecto" independientemente del mal rato que estaba pasando.

Y ¿cómo no sentirme identificada? En los momentos más negros de mi vida, escribir, cantar, o ponerme a hacer una pulsera en macramé me salvaron de la oscuridad, me rescataron de ese abismo negro donde no se puede pensar, sentir ni sentirse vivo. Esa caja negra donde no se ve, no se escucha, y lo único que parece existir es el dolor.

No hay que ser superhéroe ni Pulparaña Superpoderosa para para convertirse en un héroe o heroína cotidiano/a. Y en La Terminal, esa condición está muy bien expresada. ¡Por favor, mírenla!

Y bien. Digamos que Desygner y la nueva apariciencia del blog de Aramela Artesanías me están esperando. Junto con los tres Minions y los dos dinosaurios que están arriba de mi mesa de trabajo esperando que los termine. Me fui de mambo escribiendo un montón. ¡Es que las cosas que me inspiran me vuelven literariamente verborrágica!

Sé que me he ido por las ramas en varias ocasiones, pero ya no me da el tiempo para revisar y editar este texto. Y aunque no sabía sobre qué demonios escribir hoy, una vez más el ángel de la inspiración me cubrió con sus luminosas alas y me susurró: "dos descubrimientos y una recomendación".

Ojala les sirva tanto como a mí.





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